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Fragmento de la Presentaciòn del Libro de AMLO

Fragmento de la Presentaciòn del Libro de AMLO

El libro de Andrés Manuel

Paquita

Andrés Manuel López Obrador es el actor político mexicano más controversial de los últimos años. Por más betado de los medios de comunicación, el nombre de Andrés Manuel siempre está presente en la vida pública del país. Nadie se abstiene de tener una opinión sobre él. Este libro es la narración, de una manera natural, mas no visceral, de todos aquellos sucesos que lo llevaron a convertirse en esta figura.

Lo que quizá ha llamado más la atención acerca de su manera de hacer política, es lo que fielmente expresa en el capítulo titulado “Gobierno”.

“Las decisiones políticas las tomo siempre basado en el sentimiento popular. Eso es lo que estimo más importante: tener el pulso de lo que está aconteciendo en la calle. Porque, a veces, lo que opina la sociedad política –comunicadores, intelectuales y políticos- es muy diferente al sentir de la gente de la calle. Son mundos distintos…”

“Hay veces que tomo decisiones en contra de lo que opina la llamada sociedad política, y eso les molesta mucho, les choca, porque algunos piensan que su mundo es el que predomina.”

Esta manera de actuar, desafiando las reglas tácitas preestablecidas en la política, le han ganado numerosos adjetivos descalificativos: inflexible, intolerante, terco, mismos adjetivos que, a los ojos de la llamada clase política aplicarían igual a la sociedad civil, al pueblo. Porque Andrés Manuel ha sido una especie de interlocutor entre la sociedad civil y el medio político. Desde la toma de pozos petroleros hasta el plantón de Reforma, pasando por el incidente del Paraje San Juan, sus decisiones y comportamientos están expuestos por completo en estas páginas que retan la literatura oficialista e incluso al mismo mundo literario, porque de la misma manera que actúa, escribe: natural, suelto, sin compromisos de ninguna índole con la intelectualidad, con la política o con las buenas maneras. No es un libro para el acérrimo crítico que busca éxtasis literario, y tampoco es una revista de chismes. Es el diario de un personaje, y por lo tanto, un documento valioso. ¡Cómo quisiéramos tener acceso a la vida del Ché Guevara desde su propia óptica! Que nos dijera cómo empezó a buscar la vida errante que tuvo; o que Benito Juárez nos narrara los pasajes de su vida en Oaxaca, y nos contara cómo logró ver más allá de sus horizontes, fuera de esa geografía apremiante; o que nos explicara Porfirio Díaz cómo cambió su mentalidad, siendo primero un defensor del país al lado de Ignacio Zaragoza, y luego un dictador. Este libro es, primero que nada, un documento histórico y una oportunidad de hurgar en lo profundo de sus más controvertidas acciones.

“Al diablo con sus instituciones” fue una frase que dio la vuelta en todos los medios, y aún hoy en día, se transmiten spots en radio invitando a respetar las instituciones “que todos construimos”, y mágicamente, cambia el discurso al sustituir “sus” por “las”. Dice Andrés Manuel que hay qué cuidar las palabras que salen de la boca del opositor, y sin embargo, él no las cuida. Las dice como las diría la gente del pueblo, y los medios siempre combatirán esta inconformidad satanizándola, retorciéndola, inventando consensos. Estas son páginas confesionales, porque en cada una de estas experiencias fue armando el rompecabezas de cómo ser exitoso, sin dejar de ser opositor, y esta es la conclusión a la que llegó: ser transparente. Dejar que sus verdugos mediáticos lo descifren en un libro, y acercarse a sus simpatizantes corroborando lo que ellos ya sospechaban: que es un hombre común, que tiene errores, y que su posición no es una cosa de azar ni de destino.

En el capítulo de Tabasco, cuenta cómo al llegar a la ciudad de México con el Éxodo por la Democracia, busca un acuerdo con Gutiérrez Barrios y éste le pide que se lleve a la gente en la mañana para no obstaculizar la firma de acuerdos de paz para El Salvador. Gutiérrez Barrios profiere una amenaza.

“Si no hay acuerdo, quedamos en libertad y usted conoce lo que es el Estado”

Después de intentar ganar tiempo y tranquilizar a Gutiérrez Barrios, al día siguiente, Andrés Manuel le responde que era imposible llevarse a la gente en la mañana.

“…’¿Por qué?’... ‘Entre otras razones, porque la gente quiere ir a una misa que va a oficiar Sergio Méndez Arceo en la Basílica de Guadalupe…’ se me quedó viendo y, sorprendido, expresó: ‘¡Oiga, pero usted es liberal!...’’Sí, sí soy liberal, pero también soy respetuoso de los sentimientos y de la religiosidad de la gente…’”


Y para mí, esta es una de las anécdotas más representativas de su modo de actuar: a pesar del riesgo de perder en la negociación, de las amenazas, de la propia diferencia entre sus ideas personales y las de la gente, su máxima siempre ha sido la siguiente, haciendo una paráfrasis irreverente de Voltaire:

Podrá no querer lo mismo el intelectual más letrado, el político más versado, o incluso, podré yo mismo no coincidir siempre con lo que quiere el pueblo, pero defenderé a toda costa, su derecho a exigir lo que dictan sus más genuinos sentimientos, y sus más constantes pensamientos.

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