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Rebasando por la derecha

Javier Flores

 

Nadie puede anticipar con certeza el futuro. Para saber lo que vendrá en los próximos años sólo se dispone de los datos ciertos recabados en el pasado y en nuestro presente, que nos dan indicios acerca de lo que viene. La salud de los mexicanos es un tema realmente muy delicado, algo sumamente serio. Es un área que no se puede manejar desde la ligereza o la irresponsabilidad. Estamos hablando de vidas humanas. Del sufrimiento o bienestar de millones de personas, que son nuestros compatriotas, que somos nosotros mismos.

Recientemente se anunció quién será el secretario de Salud de México. Es uno de los nombramientos más sorprendentes que yo recuerde entre los que se hayan hecho en este campo. Cuando me enteré, lo primero que pensé es que se trataba de una broma. Nuestro país se llama México. No somos Zambia, Mozambique, Honduras o El Salvador, dicho con todo respeto para esos pueblos hermanos que merecen más en materia de salud de lo que la ignorancia de sus gobiernos han decidido para ellos.

La decisión en favor de José Angel Córdova Villalobos revela muchas cosas. La primera, quizá la más importante, es que se rompe con una noción de la salud pública desarrollada desde hace muchas décadas en el país, basada en el empleo de criterios técnicos y científicos en el cuidado de los mexicanos.

Nunca importó, hasta ahora, que el gobierno fuera del PRI o del PAN; al frente de la secretaría estaban expertos calificados para desempeñar esta tarea, pues la prioridad era la salud de la población. Ahora los criterios científicos no importan, sino la ideología. En eso consiste el cambio.

En países donde los sistemas de salud rechazan los criterios científicos y se basan en el dogma de la Iglesia católica o de sus respectivos ProVida, la esperanza de vida al nacer es de las más bajas del planeta, como ocurre en la mayor parte de las naciones africanas o latinoamericanas pobres. Mujeres, hombres, niñas y niños mueren como moscas. No estoy exagerando: los datos están disponibles y el nuevo secretario de Salud puede consultarlos cuando quiera.

No se trata de un juego ni una discusión ideológica que alguien tiene que ganar por capricho, se trata de algo realmente muy grave.

Por ejemplo, en el debate sobre la investigación en células troncales, el mundo se dividió. En la ONU se formaron dos grupos. Uno, encabezado por el Vaticano, opuesto a los avances de la ciencia; el otro estuvo integrado por un grupo de naciones con un mayor desarrollo científico. Puede compararse un solo parámetro, la esperanza de vida al nacer entre ambos grupos, y quedará claro dónde se están perdiendo más vidas bajo el cobijo de la ignorancia.

Por cierto, en este tema nuestro flamante secretario quiso hacer trampa. Pretendió sumar a México al bloque neoscurantista encabezado por el Vaticano y Estados Unidos, todavía bajo el predominio de George W. Bush , pero fracasó. No fue una propuesta abierta. Como presidente de la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados, sin que viniera al caso, introdujo una restricción para la investigación en células troncales de origen embrionario en el decreto de creación del Instituto Nacional de Medicina Genómica. Pretendía con ello una adhesión subrepticia al grupo Vaticano y pensó que nadie iba a percatarse de ello.

Quiero recordar al próximo secretario de Salud que este país se llama México, y que tiene que darse cuenta, de una vez por todas, de lo que eso significa. Debe realizarse una discusión abierta en la que participen todos los sectores sociales de la población y en este tema no se pueden seguir haciendo trampas.

Otro aspecto importante es la relación entre pensamiento dogmático y científico. El primero se basa en la autoridad. En el caso que nos ocupa, es lo que dice la Iglesia respecto de diversos temas. El segundo se apoya en la evidencia, en lo que puede ser demostrado y verificado. El Sol giró alrededor de la Tierra durante muchos siglos porque la Iglesia sostenía esa opinión. También, durante mucho tiempo, la Tierra fue plana. El conocimiento dogmático se basó, en el medioevo, en el principio de autoridad de la Iglesia; esto es lo que caracteriza al oscurantismo medieval. La ciencia mostró que esto no era así. Muchos siglos tuvieron que pasar para que la Iglesia reconociera los hallazgos de Galileo y otros científicos. Ni la Tierra es plana ni el Sol gira a su alrededor. Ni modo.

Recientemente la Iglesia difundió, no sé en qué se basa, que la píldora del día siguiente generaba abortos. El nuevo secretario de Salud reveló a plenitud el pensamiento dogmático que lo caracteriza, por su oposición a la distribución de ese fármaco. El levonorgestrel, principio activo de la píldora, de acuerdo con numerosos estudios científicos, no desencadena abortos, actúa antes de la fecundación; no es abortivo, ni modo.

No sabemos qué va a pasar en el futuro, pero el pasado y presente del nuevo secretario da indicios de hacia dónde se dirige. ¿Por qué lo nombraron? Porque buscan sobreponer la ideología por encima de los criterios científicos; el peso de un poder extranjero, el Vaticano, sobre las políticas sanitarias, y el dogmatismo, que es la base actual del neoscurantismo.

¿Moriremos como moscas? Los retos que se acercan en materia de salud son monumentales. No pretende asustar a nadie, pero para enfrentarlos se requiere de criterios científicos y tecnológicos, no de los otros. El futuro depende de todos, no lo construye un secretario de Salud ni el presidente que lo designa. El nombramiento del próximo funcionario es una de las peores noticias que podamos recibir este fin de año. Muestra también que los expertos e intelectuales que apoyaron a Felipe Calderón, fracasaron.

Nota original de la jornada:

http://www.jornada.unam.mx/2006/11/28/index.php?section=opinion&article=a03a1cie

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